Cómo cambia un PC viejo a la hora de instalar un disco duro SSD

Última actualización: 05.07.20

 

Cuando un PC se queda viejo siempre nos surge la misma diatriba: cambiar el equipo por uno nuevo o ir cambiando componentes para darle un poco más de vida. Una cuestión en la que influyen diferentes aspectos, como nuestro presupuesto o las opciones de cambio que tenga el equipo viejo. Sin embargo, en este artículo no vamos a tratar de esa duda, sino que vamos a ver uno de los últimos componentes que podemos actualizar para darle más vida a nuestro PC: el disco duro.

 

Disco duro tradicional frente a SSD

El disco duro es uno de los elementos clave de cualquier ordenador, en el que se almacenan los datos, los documentos, las aplicaciones y el sistema operativo. Una herramienta sometida a una casi continua lectura y escritura, enviando y recibiendo datos. Por tanto, es evidente que una mejora en este componente va a tener un efecto positivo en el rendimiento del PC.

En este aspecto, durante mucho tiempo no hemos tenido más opción que recurrir a los discos duros convencionales. Unos discos basados en una tecnología por la que los datos se almacenan en un “plato” (un disco) del que se leen con un brazo magnético, a la manera de un tocadiscos. Un sistema que ha ido evolucionando con el aumento de las revoluciones a las que gira ese disco, hasta las 7.200 de los discos más rápidos.

Sin embargo, esta tecnología ya ha quedado superada por el sistema SSD, que emplea un sistema electrónico para la lectura y almacenamiento de archivos. Un proceso en el que se prescinde de todas las partes mecánicas, al tiempo que se multiplica por cuatro la velocidad de acceso del disco. Por tanto, para darle un poco más de vida a uno de estos equipos no tenemos más que cambiar el disco duro convencional por uno en este formato.

 

 

En qué se nota la mejora

Según las diferentes pruebas publicadas, son varios los puntos en los que se nota la mejora de transferencia de datos más rápida que tienen estos discos duros, aunque en líneas generales se aprecia un incremento de rendimiento considerable en casi cualquier tarea que haga un cierto uso del disco duro.

Empezamos analizando el arranque del equipo y el cierre del equipo. En general, este proceso puede llevar de unos 30 a 60 segundos, dependiendo de las aplicaciones instaladas y de lo optimizado que esté el proceso. Según las diferentes pruebas, el tiempo de arranque tiende a precisar en torno a un 50% menos de tiempo frente al arranque convencional, de modo que tendrás que esperar menos a que tu equipo esté listo. En cuanto al cierre, la reducción de tiempo puede llegar a un 60%, siendo mayor la mejora en el caso de que sean procesos de alta carga de escritura.

Otra de las pruebas habituales que se realizan a estos sistemas es la copia de archivos. La prueba más habitual que se realiza es la de copiar un archivo de 1 GB, o bien copiar diferentes archivos de tamaño variado con una misma cantidad de datos. En ambos casos, se aprecia la mayor velocidad y potencia del disco duro SSD en lo que a procesamiento de datos se refiere. En concreto, el disco duro SSD viene acelerando el proceso en torno a un 40% frente a lo que tardaría una copia convencional. Este proceso es más rápido en el caso de los archivos grandes que los pequeños, llegando a un 60% de ahorro de tiempo en este caso. Cuanto más grandes sean los archivos, más eficiente es el procesamiento que ofrece el disco SSD.

Por último, dentro de las grandes tareas que tenemos que realizar, vamos a echar un vistazo a la apertura de aplicaciones de alta demanda o su instalación. En el caso de una de estas aplicaciones, tales como Photoshop, el tiempo ahorrado ronda el 50% del que tardaría el proceso con un disco duro convencional. Si lo que hacemos es cargar algún juego de alta demanda veremos como la velocidad se reduce en torno a un 25%, como media. Y si lo que hacemos es instalar una aplicación de gran tamaño es posible lograr ahorros de un 40% en el tiempo necesario del que requiere un disco duro convencional.

 

 

Problemas a esta actualización

Como hemos visto, con elegir el mejor disco duro SSD añades velocidad y eficiencia a casi cualquier ordenador convencional. Pero hace falta tener en cuenta ciertos detalles para que todo funcione como debe.

Uno de los principales problemas que tendremos a la hora de actualizarnos es la placa base. Muchas veces esta placa supone el mayor cuello de botella en lo que a transferir datos se refieren, sobre todo si dicha placa es muy antigua. Algo que tiene que ver con la capacidad de los buses de la placa base en lo que a mover dichos datos se refiere. Si la capacidad no es la suficiente como para satisfacer el tráfico de datos que genera el SSD entonces veremos como parte de las ventajas de este disco se diluyen.

Algo parecido pasa también con la memoria RAM. Hoy día, un equipo básico en formato PC o incluso portátil no debería tener menos de 4 GB de este tipo de memoria. Si la misma es inferior, se va a producir un efecto de sobrecarga del sistema, dado que la RAM que no tengamos disponible va a emplearse directamente desde el disco duro convencional… o del SSD si es el único que tenemos. Algo que afectará a su capacidad de funcionamiento y su rendimiento general. De modo que si tu equipo tiene menos de esos 4 GB de RAM, igual conviene añadir un módulo de RAM a tu lista de compra.

Por cierto, no te olvides de instalar en este disco duro un sistema operativo que sea compatible con los modernos discos SSD. Si tu antiguo ordenador utiliza Windows Vista o XP, esto es imprescindible, dado que solo podemos usar discos duros SSD desde Windows 7 en adelante.

 

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