El pendrive actual puede tener sus días contados

Última actualización: 02.04.20

 

Vivimos tiempos convulsos en lo que a la tecnología se refiere. Algo que tiene que ver con el compromiso que los fabricantes de todo tipo de dispositivos tienen con la evolución, que les lleva a desarrollar nuevos productos y nuevas tecnologías. Lo mejor de todo es que muchas de esas tecnologías demuestran que incluso los últimos ingenios en llegar a nuestros despachos y hogares pueden tener los días contados, ante la llegada de nuevos productos, más modernos y eficientes.

Es lo que ocurre con el ratón, con los modelos sin cable o los dispositivos ergonómicos, o los discos duros convencionales, reemplazados ya en muchos casos por los modelos SSD. Sin embargo, en este artículo vamos a echarle un vistazo al futuro del pendrive, que es otro de esos elementos que ha llegado hace poco y que puede verse modificado de forma drástica respecto de lo que lo conocemos hoy día.

 

Un poco de historia

Tal como hemos dicho, el pendrive es un dispositivo reciente en el mercado actual. De hecho, apenas ha cumplido la mayoría de edad puesto que las primeras unidades llegaron al mercado en el año 2000, de la mano de empresas como Trek o IBM. Aquellas primeras unidades tenían una capacidad que iba desde los 8 a los 256 MB de los modelos más avanzados. Productos que, curiosamente, requerían de alimentación externa, pues no usaban la que podía ofrecer el PC.

La llegada de la conectividad USB 2.0 sería un potenciador para este tipo de productos, que ya podían  disponer de esa energía directamente desde el PC, al tiempo que incrementan la tasa de transferencia. No obstante, la tecnología de estos modelos no permitía exprimir al máximo la tasa máxima teórica del estándar, 480 MB por segundo, debido al sistema de gestión limitado de las memorias flash basadas en Nand que tienen estos modelos.

 

 

Por suerte, lo que si mejoraría es el rendimiento de almacenamiento, con espacios que se incrementan hasta los 32 GB como máximo. Hablamos del año 2010, por lo que sorprende ver cómo estás capacidad máximas han quedado ya obsoletas.

 

En la actualidad

Esto nos lleva al contexto actual. Una situación en la que las capacidades actuales rondan los 16 o 32 GB de base, aunque ya tenemos entre los mejores pendrives algunos que alcanzan incluso los 2 TB de almacenamiento.

Algo parecido ocurre con la velocidad, que gracias al moderno sistema USB 3.0 sigue ganando en rendimiento. Por tanto, transferir datos con un pendrive es cada vez más rápido y más eficiente. Sin olvidar además el extra de seguridad que tienen los nuevos dispositivos, que hace fácil proteger los datos frente a accesos no deseados así como frente a los posibles fallos del dispositivo.

 

El futuro pasa por el ADN

Si nos centramos en las tecnologías de futuro relacionadas con este tipo de dispositivos quizá nos sorprenda saber que la base del mismo puede estar en el ADN. Y es que precisamente esta larga cadena genética es capaz de almacenar toda la información que nuestro cuerpo necesita para que el mismo funcione correctamente, lo que se traduce en cientos de millones de datos imprescindibles para que el ser humano sea lo que es.

Empleando esta misma tecnología, científicos de la universidad de Columbia han sido capaces de usar el ADN como un pendrive, llegando a un diseño que se acerca a un aprovechamiento del 60 de la capacidad máxima estimada para este diseño, cifrada en 265 petabytes o 265.000 terabytes de información. Así que la capacidad aprovechada en este proyecto puede rondar los 150 millones de petabytes de almacenamiento.

 

 

 

En este proceso fue clave el empaquetamiento, diseñado para transformar la información en código binario y usando las claves del código genético como ase, de modo que el resultado final fuera un código en formato ADN que se pudiera gestionar adecuadamente. No obstante, el problema fundamental que por ahora tiene este proceso es el coste. Y es que para ejecutar un almacenamiento de 2 megas fue necesario gastar en torno a 8.500 euros en sintetizar ese ADN. Así que a menos que se abarate mucho el coste esta idea no tendrá futuro.

 

El polvo, otra alternativa

Dado que el ADN no es precisamente barato, algunos científicos apuestan por el polvo como alternativa. Obviamente no hablamos de un polvo cualquiera, sino que este polvo cuenta con un tratamiento especial que, en parte, nos lleva al punto anterior. Y es que el procedimiento empleado para almacenar datos en este polvo sigue el planteamiento molecular que ya hemos comentado para el ADN. Así que, en la práctica, el procedimiento es similar aunque con la ventaja de tener una base cuyo coste y procesamiento es bastante más económica.

Esta solución tiene la ventaja de ser mucho más ecológica y respetuosa para el medio ambiente que los modelos basados en formato electrónico, lo que evita tener que recurrir a los metales y demás componentes habituales que incluyen este tipo de pendrives convencionales. Todo ello sin olvidar la ventaja adicional que ofrece este sistema en relación a lo que serían estos medios electrónicos, dado que la resistencia del polvo es prácticamente total y no tiene las limitaciones que tienen las unidades electrónicas. Porque a fin de cuentas, el pendrive ya está “hecho polvo”, por lo que es difícil que se rompa nada.

Para proceder a la gestión de estos datos, este tipo de pendrives utilizan dos programas diferentes. El primero es el que se encarga de ejecutar el análisis de los datos almacenados en las moléculas de ese polvo, pensado para que este proceso sea lo más rápido posible y el uso de los dispositivos sea eficiente. El otro programa se encarga de traducir la información almacenada entre el código QR que incluyen y la fecha actual, de modo que da una mayor calidad al formato y una adecuada seguridad al almacenamiento.

De todos modos, tanto en el caso del polvo como en el del ADN estamos hablando de tecnologías de laboratorio, así que todavía tendremos que pasar unos cuantos años usando los pendrives convencionales. Especialmente si tenemos en cuenta los últimos avances en velocidad, dado que los pendrives 3.0 de alta capacidad apenas tienen presencia en el mercado actual. Veremos pues qué es lo que nos trae el futuro.

 

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