La revolución de las calculadoras

Última actualización: 13.11.19

 

En este artículo informativo daremos un paseo por la historia de las calculadoras, desde su invención, el impacto que tuvieron para su época, así como también la evolución que han tenido desde los primeros ábacos chinos, inventados varios siglos atrás hasta los avanzados modelos de hoy en día.

 

Del ábaco a la calculadora moderna

No se tiene una fecha aproximada de la invención del ábaco para cálculos simples de aritmética, dado que se han hallado documentos chinos del siglo II A.C., por lo que pudieron venir siendo empleados por matemáticos y eruditos desde hace miles de años atrás.

Esta herramienta simplificaba la resolución de ecuaciones y permitía realizar cálculos, pero no sería sino hasta el año de 1623 cuando el inventor Wilhelm Schickard desarrolló la primera calculadora automática. A este modelo, le precedió uno mecánico creado por el científico y filósofo de origen francés, Pascal. Este último modelo, sería fuente de inspiración para la invención de los equipos que darían vida a los que son utilizados hoy en día.

Para que te hagas una mejor idea de cuánto se ha avanzado en el desarrollo de las que podrían ser las mejores calculadoras científicas del 2019, ten en cuenta el dato de que, en 1878, le tomó 20 segundos a una calculadora mecánica realizar una multiplicación de nueve dígitos por seis dígitos, mientras que hoy el resultado se puede visualizar al instante.

No obstante, las primeras calculadoras eran equipos bastante pesados, grandes e incómodos de usar, por lo que no serían realmente prácticas sino hasta varias décadas después.

 

La primera calculadora de mano

En el año de 1965, un grupo de inventores y trabajadores de Texas Instruments, desarrollarían la primera calculadora de mano. Esto fue considerado toda una hazaña, dado que apenas cuatro años antes se había lanzado al mercado una calculadora de sobremesa como novedad, debido a que nadie había podido lograr la reducción de los componentes de una calculadora común a un tamaño portátil.

El objetivo del grupo era simple: elaborar una calculadora que funcionara con una batería y cupiera en la palma de la mano. Con ello, se pusieron manos a la obra y tan solo 18 meses después, presentarían la que sería la primera calculadora de mano: la CAL-TECH, sin embargo, este modelo tenía un peso de 1,5 kilogramos, lo que hacía que fuese incómoda de llevar consigo aun con su tamaño “compacto” para la época.

 

 

CAL-TECH llega al mercado

No sería sino hasta la década de 1970 cuando la calculadora de mano CAL-TECH fuese puesta en venta al público bajo el nombre de Pocketronic y, aunque no tuvo mucho éxito comercial debido a que no se conocía la importancia de este tipo de herramientas, sí que fue un paso importante para la ingeniería en el desarrollo de las calculadoras modernas que se utilizan hoy en día.

Todo el grupo incluido su líder Jerry Merryman, son considerados legendarios en el ámbito del desarrollo tecnológico de las calculadoras.

 

El impacto del invento en el desarrollo de las calculadoras modernas

Luego de analizar el producto, empresas de origen estadounidense y japonés, unieron esfuerzos para desarrollar calculadoras mucho más prácticas y livianas que la Pocketronic. Pronto salió al mercado el modelo Sharp QT-8B, una calculadora personal, más pequeña y liviana que la Pocketronic, que trabajaba con baterías y no requería de alimentación externa, toda una novedad para esos años.

Poco a poco fueron más y más las empresas de electrónica que se interesaron el desarrollo de conceptos y fabricación de calculadoras cada vez más ergonómicas, prácticas, funcionales y fáciles de usar. Fue así como pronto fue posible encontrar decenas de modelos en el mercado de marcas tan reconocidas como Hewlett-Packard, Busicom, Sony y más.

El impacto que tuvo la oferta contra la demanda y la competencia, obligó a los desarrolladores a implementar cada vez más funciones y bajar los precios de sus productos para poder mantenerse a flote, y así llegamos a las calculadoras que pueden funcionar con paneles solares integrados, modelos con pantallas LCD y capaces de realizar operaciones realmente complejas, mostrar gráficos, crear hojas de cálculo, entre muchísimas funciones más.

 

 

La calculadora hoy en día

Aunque se siguen produciendo y vendiendo calculadoras de todo tipo por parte de cientos de fabricantes, los ordenadores, las tabletas y teléfonos de gama baja, media y alta, ofrecen sistemas operativos con calculadoras digitales integrados en ellos. Sin embargo, suelen ser emuladores básicos para realizar operaciones rápidas.

Pero, así como existen modelos sencillos para sumar, multiplicar, restar, dividir y calcular porcentajes, también tienes a disposición calculadoras gráficas y científicas con gran potencial y que emplean componentes de alta capacidad, para que sea posible trabajar con todo tipo de operaciones de cálculos aritméticos.

La utilidad de la calculadora como herramienta de apoyo la ha convertido en un objeto infaltable en muchas aulas de clase y oficinas de trabajo, dado que ayudan a agilizar los cálculos de las operaciones y así, agilizar también todo el proceso para el cual se está calculando.

Además, es necesario mencionar que, muchos de los métodos empleados para modernizar la calculadora, también fueron utilizados en el desarrollo de ordenadores, por lo que esa idea que nació de un par de jóvenes entusiastas en los años 60, podría ser considerada como uno de los pilares del ordenador moderno.

 

El uso de las calculadoras en España

Por último, consideramos interesante mencionar que, en España y otros países de Europa, existen leyes de educación que regulan el uso de esta herramienta en la formación educativa de su población civil, dado que consideran que no es una prioridad ni permite desarrollar adecuadamente la habilidad matemática en sus estudiantes.

Pero, por otra parte, organizaciones internacionales han afirmado y aconsejado que se permita el uso de la calculadora en la enseñanza y en el desempeño profesional, gracias a que, de igual manera, el usuario debe tener conocimiento acerca de lo que está haciendo, tanto en el equipo como en el manejo de la información de la ecuación, para poder obtener el resultado correcto.

 

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